miércoles, 25 de noviembre de 2009

El socialismo y el peronismo


Por Eduardo Anguita

El próximo sábado, el socialista Hermes Binner tendrá una vidriera en la Ciudad de Buenos Aires desde la cual dará alguna pista más a las difusas señales sobre cuáles serán sus pasos hacia 2011. En efecto, en la sede de Argentinos Juniors se llevará a cabo la III Conferencia Nacional a la que asistirán delegados de todo el país y que tendrá como invitados especiales a una serie de intelectuales argentinos. El lugar del encuentro es testigo de la sinuosa memoria argentina: el club de la Paternal empezó llamándose Mártires de Chicago y en los tiempos de la dictadura tuvo como hombre fuerte al genocida Carlos Suárez Mason. Pero en estos años, los socialistas y anarquistas de entonces no recuperaron la conducción del club, ya que su presidente, Luis Segura, era uno de los hombres de Suárez Mason. Pero nadie podría requerir a los socialistas que se fijaran en qué entidades deportivas podrían brindarle cómodas instalaciones y, a la vez, cierta consistencia con las ideas socialistas. En el último mes hubo mucho interés por saber si el gobernador santafesino sería un potencial aliado de Néstor o Cristina Kirchner, quienes seguramente intentarán revalidar títulos en las próximas presidenciales. El apoyo del socialismo a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue tomado por algunos como un guiño o, al menos, como la posibilidad de un territorio común. Sin embargo, en los últimos días, Julio Cobos dijo abiertamente que quisiera compartir algún tipo de alianza con miras a 2011. El sábado próximo podrá haber novedades, pero ya hubo gestos muy concretos por parte de los socialistas. El encuentro en Argentinos Juniors contará como invitados especiales a nueve académicos o periodistas reputados. Salvo Carlos Gabetta, reconocido por su militancia revolucionaria en los setenta y destacado periodista, el resto constituye referentes de un pensamiento liberal y democrático, de marcada oposición política al kirchnerismo. Esta caracterización no constituye un acto valorativo sino la constatación de sus posturas públicas y que viene muy al caso para comprobar la capacidad argentina de insistir con los desencuentros en vez de las coincidencias. Concretamente, Guillermo O’Donnell, Marcos Novaro, Daniel Muchnik o Rubén Lo Vuolo son referentes de un pensamiento que podría estar cercano al alfonsinismo o las ideas del intransigente Oscar Alende. Gente progresista, como gustan decir algunos y de ese modo evitar los puntos ríspidos. Uno de ellos, la valoración del peronismo y de la participación popular en la vida política argentina.

DEBATE. Habría que exhumar algunos debates que sirvieron a la intelectualidad argentina para entender la vitalidad del peronismo. Pero también habría que rescatar la capacidad de Juan Perón para convocar y sentar a la mesa a los aliados y no sólo esperar que la doctrina se imponga por su propio peso. Es decir, debería haber señales en dos direcciones si se quisiera retomar la relación afectuosa que hubo entre socialismo y peronismo en los años sesenta y principios de los setenta. John William Cooke, Alicia Eguren, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puigróss, Jorge Abelardo Ramos y Carlos Olmedo son algunos de los pensadores y militantes que dieron cuenta de la necesidad de ponderar la historia de luchas que nutrió la conciencia nacional y popular. Con una aclaración: ninguno de ellos desconoció la existencia de intereses opuestos dentro del peronismo, que actuó –y actúa– como caja de resonancia de sectores y clases sociales que no siempre tienen objetivos comunes. Cuando el peronismo expresa al pueblo se abre, es frentista, es amplio hacia la izquierda y el progresismo. Cuando el peronismo es copado –en su conducción– por intereses antinacionales es capaz de jugar el papel nefasto de los noventa. Y en los últimos años, desde 2003 concretamente, surgió un nuevo momento del peronismo, bajo el liderazgo de Néstor Kirchner. Tan nuevo fue ese período que postergó por años la exclusividad del Partido Justicialista para representar a los distintos peronismos asociados a los intereses populares. Es más, el mismo Kirchner dijo muchas veces que aspiraba al surgimiento de una nueva instancia, superadora del peronismo, el radicalismo y la izquierda.

RECEPCIÓN. Muchos socialistas valiosos se sumaron a ese espacio. Ariel Basteiro y Jorge Rivas expresan lo que muchos militantes de la CTA o de movimientos sociales, académicos o integrantes de Carta Abierta, por mencionar un fenómeno nuevo que alberga a peronistas y socialistas, que, por lo general, están bastante descreídos de la vieja política pero siguen comprometidos con la Argentina de abajo. Hermes Binner forma parte de un partido cuya historia es difícil de reconstruir. Bajo el paraguas del socialismo hubo hombres de la Revolución Fusiladora o embajadores del genocida Jorge Videla y también militantes populares. El socialismo de Santa Fe mostró que es muy capaz de convertir a Rosario en una ciudad muy bien gobernada y que en los últimos años le sirvió de plataforma para extenderse a la provincia completa. Ahora bien, no resulta sensato pensar que sea la plataforma –como algunos están empezando a decir– para confrontar por izquierda con el kirchnerismo. El espejismo del agotamiento del proceso iniciado en 2003 sumado a la expectativa de que se abra un espacio no peronista capaz de representar mejor los intereses populares puede ser parte de un deseo pero no parece contar con apoyos concretos. Por muchas cosas que no sólo son el patrimonio de lo actuado por lo hecho en estos años en materia de derechos humanos, deuda externa o crecimiento de la participación de los asalariados en la economía. El kirchnerismo no tiene la exclusividad del pensamiento popular. Porque, vale remarcarlo, en estos años las grandes corporaciones también sacaron ventajas importantes del modelo vigente. Pero los socialistas de Rubén Giustiniani y Hermes Binner no tienen una estructura de representación entre los sindicatos o los movimientos sociales.

ATAQUES. Lo que se escuchará en Argentinos Juniors este próximo sábado será importante y no conviene adelantarse al diagnóstico que hagan los expositores. Pero resulta evidente que habrá encendidos ataques al kirchnerismo sin que siquiera algún invitado especial pueda defender ese espacio político. Los socialistas saben que el ejercicio del gobierno desgasta. Lo vivieron por prestarles funcionarios a gobiernos ilegítimos. Se prestigiaron cuando sus figuras fueron a causas nobles, como fue el caso de Héctor Polino al frente de las cooperativas durante los primeros años de Alfonsín. Los peronistas con Kirchner como líder, para aspirar a tener un lugar protagónico en el próximo período, también deberían hacer balance de dos gestiones y reconocer cuánto desgasta gestionar un Estado que requiere transparencia, modernización y mecanismos eficaces para avanzar firmemente en la equidad. El repliegue sobre los sectores más corporativistas del peronismo puede alejar a Kirchner de potenciales e interesantes aliados. Todo indica que estamos frente a un diálogo que la Argentina se perderá. Uno más. Ojalá haya tiempo para abrir debates y escuchar ideas.

El Argentino
24-11-2009

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